
Una vez escuche que la paciencia es el oro de los pobres.
Muchas veces más me recordaron que la paciencia es parte de la sabiduria.
Otras veces me jacte de ser una persona muy paciente.
Hablo con las mariposas;
quien mas que ellas tienen paciencia,
esperan mucho tiempo encerradas en un capullo para luego convertirse en hadas aladas.
Le pregunte a las lombrices si el pasar mucho tiempo en la oscuridad los hacia mas pacientes.
Nunca supieron responderme.
Luego se me ocurrio preguntarle a los caracoles,
ellos si deben saberlo.
Pero me canse de esperar la respuesta. Es que tardaban mucho!
Hice preguntas a otros animales,
pero nunca recibia la respuesta que esperaba encontrar.
Ellos nada sabian de la paciencia humana,
solo conocian la paciencia en su día a día.
Resignada a que nunca sabría como adquirir la paciencia,
me senté a la sombra de un árbol y me dormí.
En el sueño se me apareció un ángel rosado que al mismo tiempo que acariciaba mi cabello
me susurraba suavemente algo fundamental que le estaba faltando a mi busqueda.
Al despertarme me di cuenta que siempre tuve la respuesta en mi corazón.
La paciencia no se puede comprar, no está debajo de una roca.
La paciencia es saber entender las razones y sus porqué.
La paciencia está en nuestras ganas de vivir,
en el día a día luchando por lo que queremos o creemos.
La paciencia es AMOR.